(CHILE) Vamos por todo, nos quedamos con poco y nada.

Los resultados de la elección del Consejo Constitucional marcan una nueva realidad política en Chile, la incómoda convivencia en el poder de polos opuestos: la presidencia en manos de la izquierda y la mayoría del Consejo Constitucional en manos de la derecha. Se abre un nuevo capítulo en la discusión sobre diseñó político, económico y social de Chile que nació con el estallido social en 2019. Ganó la derecha y perdió la izquierda, pero la discusión sigue abierta.

El factor común entre las dos derrotas del gobierno de Boric, septiembre de 2022 y mayo de 2023, es el exceso de ideología en la conducción política del gobierno. En septiembre de 2022 la sociedad rechazó el diseño “reformista” del nuevo proyecto constitucional, y ahora se votó abrumadoramente en contra del manejo ideológico de la inseguridad ciudadana que es la principal preocupación de los chilenos hoy en día. Si la derecha hizo su mejor elección en la historia es gracias la visión ideologizada que condicionó al gobierno de Boric desde su inicio. El giro hacia el pragmatismo que intentó en algún momento no resultó creíble o al menos llegó tarde.

La impronta conservadora de Republicanos necesitará el aporte dialoguista de Chile Vamos, especialmente de la UDI. Si Republicanos intenta conducir del debate constitucional con una posición cerrada y dogmática se producirá un aumento de la insatisfacción de la ciudadanía con la política, algo que los partidos políticos deberían evitar. Viven de la participación electoral, no de la apatía o la abstención. En este sentido que el 21% haya votado nulo o en blanco en la elección de Consejeros Constitucionales debería considerarse como un serio problema de representatividad de los partidos políticos.

De acuerdo a las encuestas que hemos realizado, más del 30% de los chilenos no se identifica como “oficialista” u “opositor” del gobierno de Boric. Es un segmento importante de los votantes que decide su posición en función de los éxitos y fracasos de la gestión de cualquier gobierno. Hoy la derecha aprovechó el momento, pero también lo aprovechó la izquierda en 2021. El corto plazo está marcando el desenlace de las elecciones y sobre todo para donde se vuelca el voto independiente.

Esta segunda derrota del gobierno de Boric es una señal importante para el debate democrático en Latinoamérica. Los presidentes en ejercicio tienen la amarga tarea de gobernar entre la inflación y la recesión, haciendo casi imposible cumplir con las promesas de campaña. Las sociedades están mucho menos ideologizadas que los partidos, tienen acceso permanente a información y vuelcan su opinión con total franqueza en las redes y en las encuestas. El desafío para los partidos, que desean gobernar, es interpretar las demandas sociales evitando los reduccionismos ideológicos. Boric puede atestiguar que ganar una elección es mucho más fácil que gobernar.